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Después de muchos años trabajando con personas, equipos y organizaciones, hay algo que se repite una y otra vez:
no falta red, falta claridad.

La mayoría de las personas no necesitan conocer a más gente.
Necesitan relacionarse mejor con la que ya conocen.

Si en el artículo anterior hablaba de por qué no se trata de acumular contactos, sino de construir relaciones con intención, este es el siguiente paso natural:
por dónde empezar.

No con técnicas.
No con herramientas.
Con preguntas.

1. ¿Para qué quiero relacionarme ahora?

Esta es la pregunta que casi nadie se hace, y sin embargo lo cambia todo.

No hablamos de un objetivo genérico (“quiero más oportunidades”), sino de algo concreto:

  • ¿Qué quiero construir en esta etapa?

  • ¿Qué tipo de proyectos, conversaciones o alianzas quiero atraer?

  • ¿Qué quiero que mi red me ayude a sostener o a impulsar?

Sin un para qué, cualquier relación parece válida.
Y cuando todo vale, nada se consolida.

Definir tu intención no te limita.
Te ordena.

2. ¿Desde dónde me estoy relacionando?

Relacionarse no es solo un acto externo.
Es también un lugar interno.

Muchas personas se relacionan desde:

  • la urgencia,

  • la carencia,

  • el miedo a quedarse fuera,

  • o la necesidad de demostrar valor constantemente.

Y eso se nota.
En el tono.
En la energía.
En la forma de pedir.

Relacionarte con intención implica preguntarte:

  • ¿Estoy conectando desde la coherencia con lo que soy hoy?

  • ¿Desde la calma o desde la prisa?

  • ¿Desde la autenticidad o desde el personaje?

Cuando cambias el lugar desde el que te relacionas, cambian automáticamente las relaciones que atraes.

3. ¿Qué relaciones merece hoy mi energía?

Esta suele ser la pregunta más incómoda.
Y la más necesaria.

No todas las relaciones pueden ocupar el mismo espacio.
No todas las conversaciones merecen el mismo cuidado.
No todos los vínculos tienen recorrido en esta etapa.

Construir relaciones con intención también implica:

  • elegir,

  • priorizar,

  • y, a veces, soltar.

No desde el juicio.
Desde la honestidad.

Una red sólida no es la más grande.
Es la más alineada.

El verdadero trabajo en red empieza ahí

Antes de ir a un evento.
Antes de escribir un mensaje.
Antes de pedir una reunión.

Empieza cuando te haces estas preguntas con calma y sin autoengaño.

Porque cuando hay intención:

  • la generosidad deja de ser ingenua,

  • la reciprocidad aparece sin forzar,

  • y las oportunidades llegan como consecuencia, no como objetivo obsesivo.

Eso es lo que he visto una y otra vez a lo largo de los años.
Y eso es lo que trabajo cuando acompaño procesos de networking estratégico y comunicación consciente.

Para cerrar

Tal vez esta semana no necesites hacer más.
Tal vez necesites mirar tu red con más claridad.

Responderte, aunque sea por escrito, a estas tres preguntas.
Y observar qué se mueve.

Ahí empieza el tejido.
Antes del hilo, antes del nudo, antes del resultado.

Con intención.