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Durante años nos han hecho creer que el networking va de sumar.
Más contactos. Más tarjetas. Más seguidores. Más cafés agendados.

Y, sin embargo, muchas personas —profesionales con experiencia, talento y recorrido— sienten que, aun teniendo una agenda llena, las oportunidades no llegan.
O llegan de forma desordenada, forzada o poco alineada con lo que realmente quieren construir.

El problema no es la falta de contactos.
El problema es la falta de intención en las relaciones.

El gran malentendido del networking

He pasado gran parte de mi vida profesional moviéndome en grandes corporaciones, redes internacionales y comunidades globales. He liderado equipos, creado alianzas, impulsado proyectos y acompañado a cientos de personas en su crecimiento profesional.

Y si algo he aprendido es esto:

Las oportunidades no nacen del volumen de contactos,
nacen de la calidad de los vínculos.

El networking entendido como acumulación genera ruido, cansancio y superficialidad.
El networking entendido como relación genera confianza, coherencia y recorrido.

Por eso siempre digo que no enseño a “hacer networking”.
Enseño a diseñar relaciones que tengan sentido.

Relacionarse con intención lo cambia todo

Construir relaciones con intención implica algo muy distinto a “caer bien” o “estar presente”.

Implica:

  • Tener claro para qué te relacionas.

  • Saber desde dónde te presentas.

  • Elegir con quién tiene sentido invertir tiempo, energía y cuidado.

  • Entender que una relación es un proceso, no un intercambio rápido.

Cuando hay intención, desaparece el postureo.
Cuando hay intención, aparece la coherencia.
Cuando hay intención, las relaciones dejan de ser instrumentales y se vuelven estratégicas y humanas a la vez.

El error más común que veo una y otra vez

Muchas personas llegan a mí diciendo:
“Conozco a mucha gente, pero no sé cómo activar mi red”.
“Voy a eventos, pero no pasa nada después”.
“Siento que siempre doy más de lo que recibo”.

Y casi siempre el origen es el mismo:
no hay un objetivo relacional claro.

Sin foco, cualquier contacto parece válido.
Sin foco, cualquier conversación se diluye.
Sin foco, la red se convierte en un cajón desordenado en lugar de un sistema vivo.

Tejiendo Redes: un método, no una actitud

De todo este recorrido nació Tejiendo Redes, un método propio para construir redes profesionales sólidas, auténticas y sostenibles en el tiempo.

No es una técnica rápida.
No es una estrategia de visibilidad vacía.
No es una fórmula de ventas encubierta.

Es un método que parte de una idea sencilla y profunda:

Una buena red no se improvisa, se teje con intención.

Tejiendo Redes pone foco en:

  • Definir objetivos relacionales claros.

  • Identificar los hilos correctos (personas, comunidades, espacios).

  • Comunicar con verdad, no con máscaras.

  • Practicar una generosidad consciente, no ingenua.

  • Entender la reciprocidad como equilibrio, no como deuda.

Menos acumular.
Más tejer.

Generosidad bien entendida

Uno de los conceptos más malinterpretados en el networking es la generosidad.

Dar sin intención quema.
Dar esperando algo inmediato frustra.
Dar sin límites ni criterio desgasta.

La generosidad bien entendida es consciente, estratégica y alineada.
Es dar desde el lugar correcto, a las personas adecuadas y en el momento oportuno.

Y cuando eso ocurre, la reciprocidad aparece de forma natural.
No forzada.
No exigida.
No calculada.

Comunicar bien también es liderar

Relacionarse bien implica saber comunicar quién eres, qué haces y desde dónde lo haces.
No para convencer, sino para permitir que el otro te entienda.

Por eso creo profundamente que comunicar bien es una forma de liderazgo.
Y que conectar bien puede cambiar destinos: profesionales, empresariales y personales.

No se trata de estar en todas partes.
Se trata de estar donde tiene sentido.

No se trata de gustar a todo el mundo.
Se trata de resonar con las personas correctas.

Una invitación final

Tal vez no necesites más contactos.
Tal vez lo que necesitas es mirar tu red con otros ojos.

Preguntarte:

  • qué relaciones quieres cuidar,

  • cuáles necesitas ordenar,

  • y cuáles ya no acompañan el momento vital o profesional en el que estás.

Ahí empieza el verdadero trabajo en red.
Silencioso. Intencional. Transformador.

Y desde ahí, todo cambia.